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Display Date: 22/03/2007

Juana Cuevas Valcárcel, galardonada con el Garbanzo de Oro en la III Fiesta del Cocido Lebaniego

La fiesta tendrá lugar el próximo fin de semana.

Sentada en una cómoda silla junto al gran ventanal de la sala, Juana Cuevas Valcárcel, espera a sus 93 años, en junio, como le gusta apuntar a ella, la retahíla de preguntas que le van a hacer. Con el cabello plateado, perfectamente arreglado y una piel fina como la seda, Juana no representa la edad que tiene. Discreta, prudente y con un carácter afable responde a todo lo que se le pregunta, eso sí, se toma su tiempo porque es toda una vida la que lleva a sus espaldas. Sus ojos denotan la inquietud que siente al saberse galardonada con el 'Garbanzo de Oro', premio que le será entregado el próximo sábado con motivo de la III Fiesta del Cocido Lebaniego. Propietaria, junto con su marido, Miguel Alonso, del antiguo restaurante Casa Cuba, esta lebaniega vivió momentos de mucho apogeo en su establecimiento que, en su día, fue muy reputado en toda la región y ella regentaba con donaire y buen hacer... Nunca ha dejado Liébana, es una mujer de la tierra, con mucha raigambre y de profundas tradiciones. Cada día, alrededor de las 7 de la tarde, Juana reza el rosario acompañada de su hija Teresa o de su nuera cuando la visita y ella misma dice: 'no lo he perdonado nunca, ni un solo día, cuando trabajaba yo me buscaba un huequecito y a rezar'.

-'Toda una vida en la cocina?
-Desde luego que sí, empezé  dando comidas en las fiestas y ferias grandes de entonces, San Tirso en Ojedo, el Pilar en Camaleño y tanto ahí como en el restaurante yo me encargaba de la cocina por completo, decidía lo que se compraba, los platos a realizar y los elaboraba yo misma.

-Entonces decidió vender'
- Cuando los hijos no estaban ya en casa, cada uno tenía su vida y el negocio era demasiado para nosotros, fue entonces, instada por ellos cuando decidimos venderlo.

-El Garbanzo de Oro 'Qué siente al recibir este galardón?
-Pues, es muy emotivo para mí, a mis años, nunca pensé recibir un premio. Creo que no voy a saber qué decir,

-'Tiene secretos la cocina lebaniega?
-Para mí desde luego que no. Merdosos, frisuelos, bollos con manzanas, boronos y por su puesto un buen cocido lebaniego son sencillos de preparar pero requieren como todas las cosas un tiempo de elaboración.

-Una mujer llevando un restaurante de su propiedad en los años 40, no era muy usual, 'estaba segura de lo que hacía?
-Muy segura, mi marido se encargaba de los viñedos, a él le gustaba más el cuidado de sus vides y la elaboración de vino y demás. Yo en cambio regentaba las comidas, la tienda y el hospedaje. En la cocina me ayudaban mucho Fidela, mi cuñada; Aurora, mi hermana; y Águeda Alonso que era muy buena repostera. Recuerdo que en aquel tiempo éramos Susa y yo las primeras que dábamos comidas' Solía ponerme en la Serna, junto a los nogales que había para tener un poco de sombra.

-La cocina de antaño 'era sota, caballo y rey?
-No, si bien no era tan variada como hoy día,  mi restaurante se conocía mucho por las paellas, la carne guisada, callos, y por supuesto, el cocido lebaniego.

-'Qué ha cambiado la cocina o la forma de comer?
-Ha cambiado la forma de comer, las prisas y el ritmo de vida, pero la cocina es la misma.

-'Qué hay detrás de un cocido lebaniego?
-El puchero de barro, la cocina de leña, y la calidad de los ingredientes de la zona lo eran todo. Hoy, con los cambios que ha dado todo, es prácticamente lo mismo, solo que con más facilidades para la cocinera.

- Algún famoso que recuerde usted en su restaurante
- Es que en aquellos años no había una cultura del turismo como hoy, pero venían muchos a respirar aire de los Picos y se quedaban 15 días y así. Solía venir con frecuencia la familia de empresarios Fiochi, de Santander, los recuerdo con cariño.

-A sus 93 años todavía le gusta entrar en la cocina?
-Por supuesto, hoy no puedo cocinar pero me encanta estar en la cocina. En casa de mi hija Teresa, siempre estamos metidas allí, charlando o la observo mientras ella cocina, que por cierto le gusta tanto hacerlo como a mí.