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Date d'affichage: 05/06/2008

Entrevista Luis Prado Señas, Luis de La Vega

Galardonado con el "Garbanzo de Oro" 2008 Liébana le rinde homenaje a su trayectoria profesional y humana
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En su establecimiento Luis espera el comienzo de la jornada

Llueve en La Vega a las 10 y media de la mañana. La chimenea de José Luis Prado Señas ya hace horas que humea. El periódico abierto por la sección de región sobre la barra del bar de su mesón y, junto al mismo, las lentes recién posadas indican que proseguirá leyéndolo dentro de un ratito. Este mesonero, como él mismo se denomina, del valle de Vega de Liébana no alcanza a saber en es momento que hoy mismo serán esas páginas las que cuenten aspectos de su vida y de la distinción con que será galardonado el próximo sábado en la plaza mayor de Potes. Allí, los alcaldes de la comarca le harán entrega del 'Garbanzo de Oro' por su reconocida labor y trayectoria como hostelero en su valle.
Él, bueno con letras mayúsculas, tierno, amigo de sus amigos, con un enorme corazón que cambia de ritmo ante la emoción, todavía recuerda cuando vio su primera  raíz de regaliz en los puertos de Pineda o su primera planta de garbanzos, legumbres estas que todavía hoy cultiva. Conoce todo lo necesario para ofrecer a sus clientes  calidad, la propia de una tierra como Liébana: carnes, verduras, legumbres. Y es que Luis no sabe hacerlo de otro modo. Honrado hasta la médula, perfecto anfitrión y cicerone, siempre ofrece su tiempo y atención para un amigo o un conocido que se acerque hasta su establecimiento en la Vega. Este lebaniego entrañable y de ley se emociona con aquellas preguntas en las que lee mucho acerca de los sentimientos que el resto de lebaniegos  le profesan y humilde de corazón, se extraña y sobrecoge en presencia de su hijo ante este reconocimiento que los regidores le otorgan.


-Enhorabuena Luis
-Muchas gracias, pero estoy un poco abrumado porque hacen más de lo que yo merezco, y temo el momento de que me lo den porque la ansiedad va a poder conmigo. La vida dará que estará mi hijo conmigo'

-Los siete alcaldes de Liébana lo eligen a usted, por unanimidad, como el hostelero merecedor del 'Garbanzo de Oro' de este año. Esto tiene más de una lectura, 'no cree?
-Desde luego. Les estoy infinitamente agradecido a todos ellos, ¡pero por Dios, por Dios! 'No será demasiado mérito todo esto para Luis el de la Vega? (sonríe)

-'Dónde se va a colocar esa insignia? Porque seguro que más de uno le dirá que se la muestre de cerca
-Primero en el pecho. Luego habrá que hacerle un sitio curiosuco, como es debido, aquí, en el mesón.


-Le voy a contar lo que me han dicho una y otra vez al preguntar sobre usted: '¡Luis, de la Vega? Un hombre de bien, buena gente si señor!' 'Cómo se consigue eso de que lo quieran a uno tantas personas tan diferentes?
-No sé qué habré hecho, pero la verdad es que yo disfruto entre la gente y tengo la suerte de tener muchos amigos. Antes no había puertas cerradas y si uno pedía algo pues ahí estaba el resto para echar una mano. La vida de hoy es la de no necesitar nada de nadie. En ocasiones mis hijos me dicen que por qué pido cosas a la gente. Yo les digo que porque me gusta pedir y dar. Siempre he dado lo que he podido, y es que nací con esa condición.

-Hablemos de años al frente de este establecimiento y de cocidos elaborados en él
-Yo llevo aquí desde el 15 de agosto del año 1969. ¡Si no habrá hecho cocido Beatriz, mi mujer, en todos esos años'! Cada jueves y domingo, no fallaba el cocido lebaniego, bueno, y no falla porque el hijo sigue en las mismas. La verdad es que daba gloria ver esas grandes cacerolas al fuego. Para nosotros es un espectáculo de plato haciéndose al amor de la lumbre. Arreglamos Beatriz y yo una casa aquí cerquita que sería nuestro sitio cuando nos retirásemos y' (Los ojos se le llenan de agua, la voz se le entrecorta, toma una bocanada de aire y continúa) ella ya no llegó a verlo realizado, falleció un 10 de octubre de 2001 y desde entonces'solo. Mis hijos, Silvia, María Fernanda y José Luis, son estupendos, pero ella, era mi compañera, ya me entiendes.

-'Cual es el perfil del comensal de un cocido en el mesón de La Vega?
-Pues mira la gente en general come mucho cocido. No ves que un cocido en condiciones tienta a cualquiera. Incluso quizá más el visitante que el obrero. Mira, los fines de semana es un caso, porque la gente de paso no pide otra cosa. Algunos creen que luego van a tener hueco para una chuleta. Mi hijo les dice siempre lo mismo, que primero el cocido y luego ya pedirán. Enseguida se dan cuenta de que no necesitan más y te dan las gracias por advertirles.

-Yo sé que usted tiene siempre unos minutos para los que vienen a verlo y además en el recuerdo a los que se han ido.
-Siempre, siempre. Yo echo mucho en falta a los que se nos van y sigo con sus hijos o nietos el vínculo que tenía con ellos, mis amigos, conocidos.  Echamos ahora una parladina (sic) de lo que hacíamos o de lo que acontecía antes de nosotros. Eso no se olvida. En otros lados  se muere uno en casa y no vuelven a hablar de él nunca más. Se murió y punto.  En Liébana los que se nos van siguen entre nosotros. Aquí se habla mucho.

-Señor mesonero, el cocido lebaniego ya tiene consolidada su fiesta.
-¡Claro! Así ha de ser' Es invitar a saborear un producto que hemos tenido aquí desde siempre y que estamos haciendo. ¡En la del Orujo a beber y en la del Cocido a comer!